Esta mañana nos ha visitado el medico de la comarca para advertirnos sobre los peligros de la
gripe aviar y las precauciones que debemos tomar con las gallinas que tenemos en el corral que nos sirven para proveernos de huevos y carne para hacer unas ricas sopas; y el gallo, que cada mañana nos canta al amanecer.
De momento nos ha dicho que mantengamos a las aves encerradas en el corral, para que no tengan contacto con las aves silvestres.
La verdad es que nos ha asustado un poco: una posible epidemia mundial de gripe de las aves que contagie a las personas no es broma, y más en nuestro caso, que ya somos monjes de avanzada edad y por lo tanto, debemos tener especial cuidado con nuestra salud corporal, ya que la espiritual es fuerte y robusta.
Preocupados por si hubiera algún posible contagio entre nosotros de esa gripe, nos ha respondido que perdamos cuidado, que de momento es muy improbable, pero dado ese caso, existe un medicamento, el
Tamiflu, que resulta que es el único existente de momento que sea efectivo.
Al decir esto, el medico, puso una sonrisa maliciosa que nos sorprendió. El abad, hombre curioso de por sí, le pregunto sin tardanza sobre su significado. Y esto fue lo que le respondió:
-Mire... ¿Sabe que empresa descubrió ese medicamento, el Tamiflu, uno de los mas codiciados ahora mismo por causa de la gripe aviar? Pues
Gilead Sciences.
¿Y sabe usted quien es
directivo de esa empresa? Pues
Donald H. Rumsfeld, miembro del gobierno de EE.UU. y uno de los responsables de la guerra de Irak y que lo mismo tiene intereses en empresas de medicamentos como
de armamento.
Yo, como medico, estoy para salvar la vida de las personas, y creo que las empresas de medicamentos también deberían estar para el mismo objetivo: salvar vidas. ¿Pero usted cree que una persona que potencia la guerra quiere salvar personas? ¿Y una empresa que tiene en sus órganos directivos a una persona sin escrúpulos como esa, también quiere salvar vidas... o lo que quiere es ganar dinero a costa de las vidas de los demás?.
El hombre iba subiendo cada vez mas el tono de la voz con el enfado, así que el abad, para calmarlo, le invito a probar un vinito de nuestra bodega... y allá se fueron.
Me quede preocupado, sabiendo que nuestra salud depende de personas que con tal de ganar dinero, les da lo mismo vender armas que medicinas.
Que Dios nos coja confesados.